domingo, 18 de septiembre de 2011

MRK-27 BT


El uso del nuevo robot de guerra ruso, que se dirige a distancia, denominado MRK-27 BT, puede reducir el número de bajas humanas, opinan los expertos.

Esta maquinaria de guerra no necesita soldados, solo basta una persona que a un kilómetro de distancia pueda operarla desde un computador. El robot incluye dos lanzadores de cohetes, otros dos de granadas, una ametralladora con 600 balas y 6 granadas de humo. Fue desarrollado en los talleres de la Universidad Estatal Técnica de Moscú junto con otros denominados 'soldados robot'.


Alexánder Glújov, subjefe de la oficina especial de proyectos tecnológicos de robótica aplicada de la Universidad Estatal Técnica de Moscú Báuman, comenta: “Esta máquina puede elevar su plataforma de armas hasta dos metros de altura. Cambiar su posición con respecto al terreno y el blanco con un ángulo de alzamiento de hasta 75 grados, lo que le permite disparar contra objetivos elevados o aéreos, por ejemplo”.

Los diseñadores de estos ingenios esperan que muy pronto formen parte del ejército ruso.


Además estos equipos pueden trabajar coordinados. Como se puede observar en el vídeo adjunto, al robot grande, equipado con armamento pesado, le está ayudando el otro, mucho más pequeño. El último capta el entorno mediante el registro de audio y vídeo y acumula la información necesaria para que el más grande pueda ocuparse de las acciones de combate: a través de sus potentes cañones es capaz de abatir tanques y maquinaria enemiga.

Actualmente los robots como el sistema de defensa militar están obteniendo más y más popularidad en el mundo. Algunos hasta creen que pronto los militares humanos podrían ser sustituidos por ellos.

“Este método permite reducir la cantidad de pérdidas humanas entre los soldados de las subdivisiones terrestres ofensivas y defensivas”, cree Glújov. “Y además, realizar maniobras de táctica.”

Es así como los especialistas de la Universidad Estatal Técnica de Moscú de Báuman, han trabajado arduamente para implementar estos modelos.

Los instructores informan que estos aparatos ya atrajeron la atención de los especialistas extranjeros. Sus creadores sostienen que el robot permite continuar las funciones que por su gran dificultad el hombre no puede realizar. La robótica también está presente en varios aspectos de la vida cotidiana desde hace ya muchos años. Se ha comprobado que pueden trabajar en medio de la contaminación radiactiva y química.

Si bien pueden ser utilizados con fines bélicos, entre los expertos crece la opinión de que cada día se convierten más en instrumentos para mantener la paz y la seguridad.

La flota rusa del Pacífico


La península rusa de Kamchatka acoge estos días las maniobra navales de la Flota rusa del Pacífico (FP) de más envergadura de los últimos años.


En los ejercicios, que durarán dos semanas, participan cerca de 10.000 efectivos, aviones de combate, helicópteros y una escuadra encabezada por el crucero portamisiles 'Variag', el buque insignia de la FP que disparará diferentes tipos de armas.

Pese a que el arma principal del 'Variag' son los misiles de crucero (razón por la que se lo denomina con frecuencia 'cazaportaaviones'), en los presentes ejercicios su misión principal consiste en abatir los misiles dirigidos contra la escuadra por mar y aire. En el marco de estas maniobras, los buques de la FP realizarán prácticas de tiro con misiles, torpedos y artillería, y efectuarán desembarco de tropas.

martes, 6 de septiembre de 2011

Oymyakon, el lugar mas frío de la tierra

Oymyakon, el lugar mas frío de la tierra.


Localizado en el noreste de la República de Saja (Yakutia), éste pequeño poblado de la Siberia Rusa cuenta con algo más de 2.200 habitantes donde viven una vida un tanto particular y que está muy lejos de las comodidades de las grandes ciudades.

En Oymyakon la leche se reparte en estado sólido, en lugar de agua corriente se utilizan bloques de hielo y los escolares asisten a clases sólo si la temperatura no baja de los 52 grados bajo cero. Por ésta razón que la ciudad es conocida con el título de la ciudad más fría del mundo. De sólo pensar semejantes niveles de temperatura ya estoy temblando.


En esta ciudad siberiana donde su población resiste con tenacidad los fríos más extremos, el récord histórico se registró en 1926, cuando el termómetro marcó una temperatura de -72.1 grados Celsius. Y de hecho, durante los largos nueve meses de invierno en Oymyakon, es muy frecuente que el tiempo se mantenga alrededor de los 60 grados bajo cero.


Los habitantes de Oymyakon, en la república rusa de Yakutia, nacen, crecen, se reproducen, sueñan y mueren prácticamente congelados. Su localidad batió récord en 1926: –71,2 grados. Una breve visita.

Cuando los pescadores de Oymyakon, en Rusia, extraen un pez de las aguas cubiertas de hielo, bastan 30 segundos para que esté congelado: tieso como una tabla. Aquí la leche no sabe de estado líquido: sólo se vende en bloques helados de color mármol. A partir de 52 grados bajo cero dan día libre en la escuela, y el gran acontecimiento del año es el Festival del Polo de Frío. Entonces, Dschis Chan, el señor del invierno yakuto, encarnado por el profesor de gimnasia de la localidad, invita a sus colegas Padrecito Invierno de Moscú y Santa Claus de Finlandia a comer filetes de reno y a ponerse ciegos de vodka. La última vez, Santa Claus casi echa a perder la fiesta porque se bebió nada menos que 10 botellas en 48 horas para combatir el frío. Oymyakon es el polo helado de la Tierra; en 1926 alcanzó la temperatura más baja registrada jamás en territorio habitado: 71,2 grados bajo el punto de congelación. La localidad está situada en el noreste de Rusia, en una meseta a 750 metros sobre el nivel del mar: allí donde el invierno dura como mínimo nueve meses.

Pues bien, para alcanzar este lugar irreal aguantamos (es noviembre) a 34 grados bajo cero en el aeropuerto de Jakutsk, esperando a que por fin se abra la puerta del avión, que se ha congelado por completo.

El nombre Oymyakon significa “agua que no se congela” y obedece a la presencia de una fuente de aguas termales cercana que resultó ideal para la instalación de la ciudad. Además, Oymyakon se encuentra en un valle rodeado de enormes montañas que detienen el viento por completo, haciendo así que las bajísimas temperaturas resulten relativamente soportables y que en el breve verano se alcancen valores de hasta 35 grados de calor.

Lo que hasta principios del siglo XX no era más que un lugar de crianza de renos, con el apogeo del régimen soviético se convirtió en una ciudad muy bien provista, ya que las montañas de la región son sumamente ricas en oro, plata, platino y otros metales preciosos. Sin embargo, casi nada queda para la ciudad de esa riqueza mineral, y la mayoría de los pobladores de Oymyakon se encuentran apenas por encima del límite de pobreza. Por otra parte, con la caída del comunismo el interés por ese remoto enclave siberiano disminuyó notablemente, y ahora la ciudad de Oymyakon sobrevive sólo gracias a sus recursos locales, en especial la ganadería, la caza y la pesca, y además, del turismo puesto que es un destino elegido por muchos aventureros y excéntricos.

Para llegar hasta Oymyakon se debe recorrer la autopista de Kolyma, una carretera construida por orden de Stalin, donde se utilizo como mano de obra a condenados y presos políticos, muriendo miles de ellos durante la durísima construcción y que luego fueron enterrados bajo el pavimento; desde entonces la autopista de Kolyma es conocida como la “carretera de los huesos”.


Las construcciones son muy sencillas; cabañas de madera muy bien aisladas del frío exterior. A un lado de la entrada se apilan los bloques de leña para las estufas, y del otro se colocan los bloques de hielo que se utilizan en lugar del agua corriente, ya que las cañerías reventarían con el agua helada. Esto impide también que se puedan instalar baños dentro de las casas, y por lo tanto se debe a recurrir a letrinas que se encuentran a algunos metros de distancia de cada vivienda. El ingreso al hogar se efectúa a través de una antecámara en la que se guardan los alimentos que desean conservarse congelados; un verdadero freezer natural.

Los habitantes se cubren de pies a cabeza con varias capas de abrigos hechos con pieles de reno y otros animales, ya que los tejidos sintéticos, además de resultar muy caros, han demostrado ser ineficaces para poder resistir el frío de Oymyakon.

lunes, 5 de septiembre de 2011

Ocho siglos de tradición del Día de la Ciudad de Moscú

Moscú celebra su 863 cumpleaños, casi 9 siglos de historia a su espalda no es cualquier cosa, pero ¿cómo y cuándo apareció la tradición de celebrar el Día de la Ciudad?

La edad exacta de la actual capital rusa se desconoce. Como punto de partida se toma como fecha el 4 de abril de 1147, que se menciona en una crónica de 1420 como el día del encuentro del príncipe de Súzdal Yuri I Dolgoruki con sus aliados en una localidad o, más bien, una fortaleza, que se llamaba Moskov. Sin embargo, los arqueólogos comentan que las excavaciones en el territorio de la ciudad han sacado a la luz objetos que prueban que ya en el siglo XI había actividad urbana en la zona.

A principios del siglo XIII Moscú se convierte en la capital del principado y adquiere más importancia: lo prueban las crónicas de aquella época que hablan de iglesias y monasterios en la zona.

Moscú fue la capital de Rusia unida hasta el año 1712, cuando Pedro el Grande trasladó el centro político del Estado a la recién construida San Petersburgo. Sin embargo, Moscú siguió siendo el lugar de coronación de los emperadores.

Volvió a adquirir su estatus de capital sólo tras la Revolución ya en 1918. Ahí comenzó la etapa soviética en el desarrollo arquitectónico de la ciudad.

La fiesta del Día de la Ciudad se menciona por primera vez en unos documentos del año 1847. Se dice que el 1 de enero Moscú celebró su 700 aniversario con una misa festiva en el Kremlin y en las iglesias de la urbe. El centro de la ciudad fue iluminado con frases escritas con fuego, encendido en copas con grasa. Pero se dice que la mayoría no se podían leer, ya que a causa de los fuertes vientos invernales las llamas se apagaban muy rápidamente.

Pero Moscú no celebró su siguiente aniversario hasta pasados 100 años, tras la Segunda Guerra Mundial, ya en 1947. Por lo visto, las autoridades soviéticas tomaron en cuenta las peculiaridades del clima capitalino e hicieron caer la fecha del 800 aniversario en el 7 de septiembre. La ciudad fue decorada con banderas rojas, iluminaciones y retratos de los mandatarios del Estado.

Con el fin de conmemorar la fecha, comenzaron la construcción de los denominados 8 'rascacielos' de Stalin: cada uno tenía que simbolizar uno de los siglos de la historia de la capital de la URSS. Finalmente, sólo se edificaron 7 de ellos, ya que faltó financiación para el octavo -y con la muerte de Stalin en 1953 cambiaron mucho las tendencias arquitectónicas-. De estas obras la más famosa es la del cuerpo principal de la Universidad de Lomonósov en Vorobievi Gori.


Pero aquella vez tampoco se estableció la tradición de esta fiesta. Sólo en 40 años más, cuando se cumplió el 840 aniversario de la capital en 1987, empezó a celebrarse de forma más regular y siempre en septiembre.

En 1997, con el 850 cumpleaños de la capital, se proclamó la primera semana de septiembre como fecha oficial para las celebraciones del Día de la Ciudad de Moscú.

Con el paso de los siglos, las tradiciones relacionadas con esta fecha no cambiaron mucho. Sigue festejándose con iluminaciones, aunque hoy en día se emplean tecnologías mucho más avanzadas, y banderas, aunque ya no sean rojas.

Uno de los lugares preferidos para hacer la pasarela durante la Fiesta de Moscú, tanto de día como de noche, sigue siendo Arbat, la calle peatonal considerada la más antigua de Moscú. Igual que hace 23 años, es la sede de pintores callejeros que esperan poder aumentar sus ingresos gracias a que estos días el público se muestra más relajado y agradecido.

Los más románticos también intentan aprovecharse de la atmósfera festiva: organizan citas para sus parejas en los lugares más inesperados como, por ejemplo, los bancos que hay en los pasillos del metro.

Por ese mismo romanticismo, el metro, que en los días cotidianos suele ser la arteria principal del transporte público de la capital, pierde este día su función fundamental para acoger opciones alternativas.

Una de las curiosidades del festejo es que su agenda, junto con algunos eventos puramente formales, incluye conciertos, espectáculos, 'performances' y competiciones deportivas bastante atípicas. Y es difícil decantarse y decidir qué actividad es la más divertida.

Moscú celebra su aniversario


Este domingo pasado la capital rusa celebra su 864º aniversario con una amplia oferta de ocio para los moscovitas y los numerosos huéspedes de Moscú que consta de más de 700 actividades. Además de ferias, exposiciones y otras actividades tradicionales, este año Moscú se sacará de la chistera unos fuegos artificiales de impresión, además de otras sorpresas.

El acto principal tiene como escenario la Plaza Roja de Moscú, corazón de la capital, donde se darán cita más de 6.500 espectadores y unos 2.500 artistas. Por la tarde, en el marco del Festival Internacional de Orquestas Militares 'Spásskaia Bashnya', discurrirá por la plaza el desfile del regimiento presidencial y de la guardia del honor.

De noche, el edificio de la Universidad Estatal de Moscú acogerá el impactante espectáculo de láser 4D. El show permitirá a los espectadores ver con sus propios ojos rincones famosos del planeta, pasajes naturales, visitar el espacio e incluso contemplar mundos irreales. En el espectáculo participará Alain Robert, mundialmente conocido como el 'hombre-araña francés', que tiene la habilidad de trepar por las fachadas de edificios emblemáticos sin ayuda de redes, cuerdas u otros dispositivos de seguridad.

En 1997, año que Moscú celebró su 850º aniversario, la alcaldía decretó cada primer sábado de septiembre como la fecha oficial para las celebraciones del Día de la Ciudad de Moscú. Este año es la primera vez que los festejos se celebran en domingo debido a que el sábado coincidió con el Día de la solidaridad de la lucha contra el terrorismo y el aniversario de la tragedia de Beslán.

jueves, 16 de junio de 2011

Documental: La Marina Rusa

La vasta, misteriosa y amenazadora Rusia, con su aparentemente ilimitada reserva humana, siempre ha exhibido un poderoso y temido ejército. Sin embargo, menos conocido es el hecho de que Rusia tiene una larga y extraordinaria tradición naval, que se remonta al siglo XVII, mucho antes de que se formara siquiera la Marina estadounidense. Durante un tiempo en la década de 1980, incluso poseía una flota moderna, innovadora y poderosa de barcos de guerra, sólo superada por la flota de Estados Unidos. Además, todo ello se debe a la visión y la ambición de un solo hombre: el emperador ruso Pedro el Grande, quien a finales del siglo XVII creó, virtualmente de la nada, una moderna marina. En este programa, filmado en exteriores en Rusia, se examina la increíble historia de los excepcionales barcos de guerra y submarinos de Rusia, sus extraordinarios líderes y marineros, así como las trágicas derrotas y las asombrosas victorias que configuraron "La marina rusa". Hoy en día, la marina rusa continúa siendo una fuerza que hay que tener en cuenta, tanto sobre las aguas como en las profundidades de los mares del mundo.


sábado, 30 de abril de 2011

Maria Sharápova se solidariza con Chérnobyl


La estrella rusa del tenis María Sharápova, cuyos padres abandonaron Gómel meses antes de su nacimiento por las malas condiciones producto del desastre nuclear de 1986, creó en su página web la sección 'Chernobyl' dedicada a su labor benéfica en torno a esta catástrofe.

Pocos días antes del 25 aniversario del lamentable suceso, el más grave accidente nuclear de la historia, Sharápova, que ha combinado el éxito en las canchas de tenis con sus muestras de solidaridad, envió un mensaje de apoyo a través de su nueva sección a las personas que aún siguen sufriendo a causa del desastre en Ucrania.

“Mientras el aniversario nos llena de tristeza, también reconocemos que es el momento de la esperanza, a medida que avanzamos hacia la construcción de un futuro mejor para todos aquellos cuyas vidas cambiaron por esta tragedia", dice en el vídeo publicado en su sitio web oficial.

El objetivo de la siberiana, nombrada Embajadora de Buena Voluntad del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en 2007, es apoyar los Objetivos de Desarrollo del Milenio, para promover la restauración de las zonas afectadas de Chernóbyl. La deportista y su fundación ya han donado cientos de miles de dólares por esta causa.

En agosto de 2010 se reunió en Gómel con los niños menores de cinco años ganadores del concurso de la Fundación Sharápova para Jóvenes de las zonas afectadas en Bielorrosia, creado en 2009 como una iniciativa conjunta entre la fundación y la PNDU que ayuda a los escolares talentosos a acceder a las mejores universidades del país.

Además, Sharápova hizo una contribución personal de 250.000 dólares para expandir el programa apoyado por la UNDP que organiza actividades deportivas para los jóvenes de los tres países afectados por el desastre nuclear de Chernólbyl.

María Sharápova nació el 19 de abril de 1987 en Niagan, al noroeste del distrito autónomo de Janti-Mansi, Siberia, un año después del terrible accidente, uno de los mayores desastres medioambientales de la historia, que causó la muerte directa de 31 personas y forzó la evacuación de al menos 115.000 personas

IVÁN SKÓBREV CONQUISTA EL CAMPEONATO


El ruso Iván Skóbrev obtuvo la medalla de oro en la combinada del Campeonato de Europa de patinaje de velocidad, que se llevó a cabo en Collalbo, Italia, luego de ganar en los 10.000 metros con un tiempo de 13 minutos y 39,8 segundos.

Días atrás, Skóbrev, de 27 años, fue también el mejor en la distancia de 5.000 metros, donde superó a los holandeses Koen Verweij y Wouter Olde Heuvel, segundo y tercero, respectivamente. Además, salió segundo en los 1.500 metros y quinto en los 500 metros.

Gracias a estos resultados, el atleta, que obtuvo el primer título continental de su carrera, sumó un total de 1554,167 puntos en la general, superando a los holandeses Jan Blokhuijsen (154,273) y Koen Verweij (154,688).

Este es el primer oro para Rusia en un Campeonato Europeo desde 2001, cuando Dmitri Shépel alcanzara el oro también en Italia.

Antes, Iván Skóbrev había conquistado la medalla de bronce de los 5.000 metros y la de plata en los 10.000 metros en los Juegos Olímpicos de Invierno de Vancouver de 2010. Además, en 2007, en el Campeonato del Mundo en Salt Lake City, Estados Unidos, se hizo del bronce en la persecución por equipos.

VOLOSOHZHAR Y TRANKOV SE CONSAGRAN SUBCAMPEONES DEL MUNDIAL DE PATINAJE ARTÍSTICO

VOLOSOHZHAR Y TRANKOV SE CONSAGRAN SUBCAMPEONES DEL MUNDIAL DE PATINAJE ARTÍSTICO.

Los rusos Tatiana Volosozhar y Maxim Trankov conquistaron la medalla de plata del Campeonato Mundial de Patinaje Artístico sobre hielo de Moscú. La pareja alemana compuesta por Aliona Savchenko y Robin Szolkowy se proclamó campeona.

Los chinos Qing Pang y Jian Tong, que defendían el título y el primer lugar tras el programa corto, se tuvieron que conformar con el bronce, al sumar en la general 204,12 puntos, superados por 6,61 puntos por los locales y los ahora tres veces campeones mundiales (oro en 2008 y 2009), la pareja germana (217,85).

Otros dos representantes rusos, la pareja Yuko Kavaguti-Alexánder Smirnov (187,36), medalla de bronce en Turín 2010, y la pareja Vera Bazárova-Yuri Lariónov (187,13), ocuparon el cuarto y quinto lugar respectivamente.

Diferencia entre Chérnobyl y Fukushima


Este 26 de abril la catástrofe nuclear de Chernóbyl, Ucrania, cumplió un cuarto de siglo; la de Fukushima -1, Japón, su primer mes y medio. Ambas emergencias alcanzaron el nivel 7 en la Escala Internacional de Eventos Nucleares y Radiológicos (INES, por sus siglas en inglés), el máximo posible. Estos dos desastres nucleares son los únicos en toda la historia de la humanidad en alcanzar este nivel máximo de gravedad.

Comparando estos eventos nucleares, expertos suelen calificar al de Chernóbyl como el más grave en lo referente a la intensidad de la explosión y la composición de la fuga radioactiva. El de Fukushima, en contraste, se considera más peligroso desde el punto de vista de las consecuencias a largo plazo.

DISEÑO

Las centrales de Chernóbyl y Fukushima-1 son prácticamente coetáneas. El primer reactor de Fukushima-1 empezó a funcionar en 1971, el sexto y el último lo hicieron en 1979. El primer bloque de Chernóbyl, por su parte, comenzó a generar energía en 1978. El reactor número cuatro, el averiado, comenzó a funcionar en 1984.

La diferencia principal entre ambas centrales radica en el diseño de sus reactores. La URSS instaló en su central los RBMK de producción propia, de grafito. Japón optó por los BWR, reactores de agua en ebullición, diseñados por General Electric. Los reactores de agua ligera de este tipo se consideran como unos de los más seguros en el mundo y antes del 12 de marzo de 2011 jamás fueron causa de un evento nuclear importante. Además, la central nipona —en comparación con la planta de Chernóbyl— tiene un nivel de protección adicional: no solo las varillas del combustible y el edificio del reactor tienen una cubierta protectora hermética, sino que también la tiene la sala de reactores.

Antes de accidentarse, el reactor número 4 de Chernóbyl logró funcionar dos años y un mes. Hoy en día se considera que la causa principal de la catástrofe de 1986 no fueron los errores del personal, sino fallos fatales de diseño en los reactores de este tipo.

Los reactores de Fukushima-1 han sido explotados durante 40 años.

QUÉ PASÓ

Chernóbyl

El tipo de reactor —de grafito— y su diseño marcaron la escala de la catástrofe.

A las 1:23:04 (hora local) de la noche del 26 de abril, especialistas de la central comenzaron las pruebas del sistema de emergencia de abastecimiento de electricidad en el bloque número 4. Tras unos segundos sonó la señal de alerta. El intento de desactivar el reactor falló debido a que las varillas de absorción tenían un diseño ineficaz. A pesar de que antes de iniciar el experimento los ingenieros siguieron todos los pasos establecidos por el protocolo, el reactor siguió funcionando en un régimen de actividad máxima. El sobrecalentamiento y evaporación de las varillas de grafito causó un incendio en el reactor y se produjeron varias explosiones.

Uno de los estallidos más potentes tuvo lugar en el centro de la zona activa del reactor: un 10% o, según algunas estimaciones, un 30% de su contenido (combustible, grafito y distintos isótopos radioactivos acumulados durante el funcionamiento del reactor) salió a la atmósfera hasta alcanzar una altura de algunas decenas de metros.

Tras 46 segundos de empezarse el experimento, a las 1:23:50, el reactor fue totalmente destruido.

Tuvo lugar una reacción nuclear en cadena: a pesar de ser destruido, el reactor no se apagó sino que siguió emitiendo volúmenes enormes de calor. Al "chocar" con el aire, el grafito se enciende, lo que causó otro gran incendio. Como resultado, penetró en la atmósfera la ceniza radioactiva del grafito.

Fukushima-1

El desastre nuclear fue causado por un desastre natural. Un tsunami acabó con el abastecimiento de electricidad en los generadores diésel adicionales afectando al sistema de enfriamiento de los reactores. En consecuencia, las varillas del combustible empezaron a sobrecalentarse y fundirse. Por debajo de la capa protectora de los reactores empezó a acumularse vapor que intentaba abrirse paso hacia el exterior.

El estado de alerta en la central fue declarado el 11 de marzo y los reactores fueron apagados de inmediato. La primera explosión tuvo lugar al día siguiente.

Tanto esta primera, como las posteriores explosiones, fueron mucho más débiles que las de Chernóbyl: no dañaron la capa protectora, afectaron "solo" las paredes del reactor. Tampoco hubo una salida masiva de sustancias radioactivas hacia la atmósfera.

Los reactores de agua en ebullición no contienen materiales inflamables en la zona activa: incluso en caso de que el cuerpo del reactor fuera destruido por completo no habrá un incendio dentro de la zona activa.

Un reactor de agua ligera no es capaz de mantener una reacción nuclear en cadena sin agua. Además, tampoco sucede una reacción si al agua se le añade ácido bórico: el boro es un absorbente muy eficaz de neutrones

martes, 26 de abril de 2011

Chérnobyl, 25 años después.


“Hoy cumplo 25 años. Hace 25 años, en la ciudad donde nací ocurrió una catástrofe que cambió el mundo. Fue un accidente en una central nuclear que debía dar electricidad a mis familiares, a mi ciudad, a mi país. La peor catástrofe de la historia de la humanidad. Perdí mi casa, que en realidad nunca fue mía. Perdí mi patria. Desde que hago uso de la razón vivo a la sombra de Chernóbyl. Ya estoy acostumbrado. Casi lo olvidé. Pero hoy me desperté y me di cuenta de que había llegado la hora de responder a la pregunta ¿Cómo hay que vivir para que no queden después de ti ciudades muertas?”.

Iván Serguienko nació en la ciudad de Chernóbyl, ciudad en la que jamás pudo vivir. El 26 de abril de 1986 la vida de los habitantes de esa urbe se dividió en un antes y un después. La potente explosión que ocurrió en la central nuclear liberó enormes cantidades de material radiactivo, arrojando a la atmósfera 50 millones de curios de radiación equivalentes a 500 bombas de Hiroshima. Ante la gravedad de los acontecimientos, más de 100.000 personas tuvieron que ser evacuadas de la zona. No les permitieron llevarse sus cosas personales ni a sus mascotas. Tenían solo unas horas para agarrar lo fundamental y abandonar la ciudad a la cual no volverían nunca más. Tras 25 años de la tragedia el recuerdo sigue vivo. RT les presenta algunos testimonios de los habitantes de esa ciudad fantasma.

Alexéi Démchenko, uno de los empleados de la central nuclear de Chernóbyl


“La explosión ocurrió en la noche del 25 al 26 de abril. Yo me fui a trabajar, me desempeñé como operador en el segundo bloque de energía. De repente se apagó la luz, se prendió la iluminación de emergencia. Sentimos olor a quemado, un gusto de metal en la boca. Por el altoparlante se anunció que nos pusiéramos las mascarillas. No sabíamos que había sucedido. En una hora llegó el jefe del taller y un ingeniero. Nos dijeron que había ocurrido algo terrible. Tres de los operadores fueron enviados a las labores de rescate, a salvar gente. Nosotros nos quedamos. Cuando volvieron nuestros colegas empezaron a vomitar y ahí nos dimos cuenta de que les quedaba poco. En ese día muchos perdieron la vida. De nuestro turno no quedó nadie, solo yo. No hubo pánico en la estación, pero nos sentimos como perdidos… Los bomberos hacían su trabajo, pero luego resultó que no se podía echar agua directamente al reactor. Es que el agua absorbe los neutrones y aumenta la reacción nuclear. No me puedo olvidar de aquellos que dieron sus vidas por salvar a la gente. Sasha Dóbnikov, piloto de helicóptero, junto con su equipo, estuvo justo en la zona del reactor ardiente, tratando de apagar el incendio con arena y caucho líquido. El helicóptero se calentaba hasta 70 grados y todos ellos recibieron dosis mortales. Sasha inventó los denominados 'calzoncillos de plomo'. Se envolvían en plomo para disminuir el efecto de la radiación. En el hospital no se le podía mirar a Sasha sin lágrimas: un hombre hermoso se moría ante tus ojos, la carne se separaba de sus huesos…”

Nadezhda Démchenko, habitante de Chernóbyl

“Esa noche estaba volviendo a casa desde la fábrica en la que trabajaba. Nos sentamos con una amiga en un banco y de repente vimos un rayo en el cielo. Me fui a casa, empezó a sonar el teléfono. Me llamó una conocida mía para decir que había visto llamas cerca de la estación. Y allí trabajaba mi marido. Llamé a la estación y él me dijo que no sabía nada, pero me aconsejó que cerrara las ventanas. A la mañana siguiente nuestros hijos fueron a la escuela pero volvieron en una hora. Les dieron pastillas de yodo y los mandaron a casa. Al otro día se declaró la evacuación. Nadie sabía adónde nos llevaban. Vimos camiones de ambulancia en las carreteras. Fue terrible. A duras penas llegué hasta Kiev, fui con los dos hijos al aeropuerto para conseguir pasajes y sacarlos de la zona. Las colas eran interminables. Estuve esperando mi turno unas 24 horas… y no conseguí nada. No había pasajes. Cuatro meses después de la tragedia volví a Chernóbyl para buscar los documentos que habíamos dejado allí. Me recibió un silencio mortal. Las casas estaban vacías, las calles cubiertas de musgo, la ropa que había estado colgada desde aquel día se puso toda negra de polvo. Cuando entré al edificio en el que habíamos vivido vi la puerta del departamento de los vecinos… estaba toda arañada por las garras de un animal. Los vecinos tenían un perro. Se ve que el pobre pedía que le dejaran entrar, pero los dueños se fueron y lo dejaron allí… a morir. Si me hubieran escuchado en aquel momento. Estuve histérica. Así se llora solo cuando se muere alguien”.

Alexánder Aidin, uno de los "liquidadores" de la catástrofe

“Dos días después del accidente, cuando en la ciudad aún se podía encontrar a uno que otro habitante, Chernóbyl parecía una urbe común y corriente, tranquila, verde y acogedora. Pero ya el 8 de mayo el silencio y la tranquilidad se tornaron espantosos. La ciudad se murió. Esa impresión se reforzaba con la llegada de la noche. Nos encontrábamos en un mundo fantástico, cuyos habitantes habían sido llevados por una fuerza desconocida. Las casas permanecían cerradas… ni una luz se veía. Los únicos inquilinos de esa ciudad eran las múltiples mascotas: perros, gatos, liebres, que miraban con curiosidad o con esperanza a los pocos transeúntes… a ver si alguno de ellos era su dueño. Los perros ya casi no aullaban. Algunos estaban atados, parece que los dueños esperaban regresar pronto. Descarnados, con los ojos llenos de lágrimas, sólo podían gruñir. El 10 de mayo los equipos de rescate especiales mataron a todos los perros y gatos y los sepultaron en las afueras de la ciudad para evitar una posible propagación de enfermedades”.

Nadezhda Udovenko, ayudó a evacuar a los habitantes

“Trabajé como portera en un albergue. El sábado se celebró un casamiento allí y a la mañana del domingo regresó de la estación el marido de una colega y nos contó sobre el accidente. Nos pusimos las fundas en las cabezas y empezamos a ayudar a la gente a entrar en los colectivos que habían llegado para evacuarnos. En la ciudad estaba pasando algo increíble: la gente tiraba sus cosas de las ventanas, todo estaba cubierto de vidrios rotos, pedazos de muebles, papeles. En un momento perdimos todo. Algunos incluso perdieron a sus seres queridos. Me acuerdo que al salir de mi departamento no sabía qué cosas llevar. Entonces metí en mi bolso lo primero que vi: tizas de colores. En aquel momento pensé que no podría salir sin ellos. Y mi vecino llenó su mochila de camisas de nailon, pasadas de moda hacía mucho tiempo”.

Veinte y cinco años después de la catástrofe la ciudad permanece en silencio. Pero los ciudadanos siguen recordando su hogar. Se reúnen en un sitio web dedicado a la ciudad. Allí suben fotos de épocas anteriores al desastre e imágenes más recientes, escriben sus memorias, comparten sus recuerdos. Y se aseguran a sí mismos: “La ciudad no cambió. Sigue siendo la misma, iluminada por el sol primaveral; la de antes. Pero se está arruinando siguiendo sus propias leyes. No es muerte: Chernóbyl está pasando de un período de su vida a otro, el que la lleva a la inmortalidad”.